Las Palabras son un reflejo de nuestras Creencias

Las Palabras son un reflejo de nuestras Creencias (limitantes o posibilitadoras) –nuestro software interno.

Escuchando hablar a una persona uno puede anticipar que le espera, porque la mayoría de las personas viven como máximo, al límite de sus expectativas. Vivimos a altura de nuestras creencias (mentales) y no de nuestras posibilidades (reales). Nuestras creencias crean nuestra realidad, porque una Creencia no es otra cosa que ‘una idea que damos por cierta –aunque sea falsa– y que nos domina’. Somos adictos a nuestras creencias. 

Hay 2 frases que tengo totalmente prohibidas mi diccionario personal para el que me conoce lo podrá validar:

Navegando por la WEB encontre una nota de Francisco Alcaide, se hice un minimo cambio para adaptarla a mi personalidad.

Las Palabras son un reflejo de nuestras Creencias (limitantes o posibilitadoras) –nuestro software interno.

Escuchando hablar a una persona uno puede anticipar que le espera, porque la mayoría de las personas viven como máximo, al límite de sus expectativas. Vivimos a altura de nuestras creencias (mentales) y no de nuestras posibilidades (reales). Nuestras creencias crean nuestra realidad, porque una Creencia no es otra cosa que ‘una idea que damos por cierta –aunque sea falsa– y que nos domina’. Somos adictos a nuestras creencias.

 

Hay 2 frases que tengo totalmente prohibidas mi diccionario personal para el que me conoce lo podrá validar:

 

1. «ES IMPOSIBLE»

Aquí hemos repetido muchas veces que «el Universo es un catálogo de infinitas posibilidades». Todo lo que existe en el mundo real, físico o material, lo ha creado el ser humano: avión, coche, Iphone, barco, televisión, lavadora, lavavajillas, ordenador,…¿sigo? Y por tanto, hay una palabra que sobra del diccionario, la palabra Imposible. La historia de la humanidad es la historia continua de los Imposibles. El que mejor definió esta idea fue el empresario Henry Ford quien decía: «Busco hombres que tengan la infinita capacidad de no saber lo que no se puede hacer». No es casual esa frase de Ford, porque cuando alguien cree que algo es ‘Imposible’ el cerebro desactiva la búsqueda de soluciones. Es evidente que nadie dedica tiempo y esfuerzo a lo que es Imposible. El escritor Julio Verne, autor de Veinte mil leguas de viaje submarino, decía que «todo lo que un hombre es capaz de imaginar es capaz de hacerlo realidad». Es cuestión de dos cosas: desearlo(ardientemente) y trabajarlo (insistentemente) hasta conseguirlo. Todo lo que no existe hoy día es porque, o nadie lo ha deseado (ardientemente) o nadie lo ha trabajado (suficientemente). Que no existan los límites significa que el ser humano puede conseguir lo que quiera.

 

Si a menudo repites la palabra Imposible te recomiendo un ejercicio. Mañana te vas a una papelería, compras un diccionario, buscas la hoja donde la aparezca la palabra Imposible, la arrancas y la quemas. El impacto visual es tal, que nunca más se te olvidará que hay algo Imposible, porque cada vez que la sueltes por la boca al mismo tiempo te vendrá a la cabeza el papel con la palabra Imposible quemándose. Para siempre. Y ya no tendrás excusas para no actuar. Comprúebalo tú mismo.

 

2. «NO SE PUEDE»

Es la versión soft o light del ‘es imposible’, frase que queda reservada para grandes gestas, mientras que el ‘no se puede’ tiene más que ver con cosas más cotidianas, del día a día. Nunca digas ‘no se puede’ y cámbialo por ‘cómo conseguirlo’. Me gustan las palabras que apunta Robert Kiyosaki (@therealkiyosaki) en su obra Retírate joven y rico:

«Una gran diferencia entre la gente rica y la gente pobre es que la gente pobre dice ‘no puedo pagarlo’ con más frecuencia que la gente rica. En el catecismo aprendí: ‘Y la palabra se hizo carne’. Las personas pobres utilizan palabras pobres y las palabras pobres crean personas pobres. Tus palabras se hacen carne. La fuerza más poderosa que tengo es lo que me digo a mí mismo y lo que creo. Lo que tu piensas que es real es la realidad. Nunca digas la frase ‘no puedo permitírmelo’ y cámbiala por ‘cómo conseguirlo’. La primera invoca la tristeza, el desconsuelo que conduce a la desesperanza y, a menudo, a la depresión. La segunda pregunta te abre a las posibilidades, la emoción y los sueños».

No existen las metas no–realistas, sólo los tiempos no–realistas. En esta vida nadie fracasa, sólo hay gente que desiste. Todo es posible si uno se da el tiempo suficiente. Es cuestión de ensayo y error hasta dar con la tecla adecuada. De ello hablamos en el post La vida es como la combinación de una caja fuerte. Una buena propuesta la da Anthony Robbins (@tonnyrobbins), autor de Poder sin límites: «Si una y otra vez te haces la misma pregunta, no cabe duda de que terminas encontrando la respuesta». Y añade: «La gente sobreestima lo que puede hacer en un año y subestima lo que puede hacer en una década».

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